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nydus/Life and Letters of Charles Darwin, Volume IPublic
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CHAPTER 1.II. — AUTOBIOGRAPHY.

semana el himno en la capilla del King's College. Esto me producía un placer intenso, hasta el punto de que a veces se me estremecía la columna vertebral. Estoy seguro de que no había afectación ni mera imitación en este gusto, pues solía ir solo al King's College, y a veces contrataba a los niños del coro para que cantasen en mis habitaciones. Sin embargo, carezco tanto de oído que no soy capaz de percibir una disonancia, ni de llevar el ritmo o tararear una melodía correctamente; y es un misterio cómo pude llegar a sentir placer con la música.

Mis amigos músicos no tardaron en advertir mi estado, y a veces se divertían haciéndome pasar por un examen, que consistía en averiguar cuántas melodías era capaz de reconocer cuando las tocaban bastante más deprisa o más despacio de lo habitual.

«God save the King», cuando lo tocaban así, era un verdadero rompecabezas.

Había otro hombre con un oído casi tan malo como el mío y, por extrañas que parezcan las cosas, tocaba un poco la flauta. Una vez tuve el triunfo de vencerle en uno de nuestros exámenes musicales.

Pero ninguna ocupación en Cambridge fue seguida con tanta avidez ni me dio tanto placer como la colección de escarabajos. Era la mera pasión por coleccionar, pues no los disecaba, y raras vez comparaba sus caracteres externos con las descripciones publicadas, sino que lograba que los bautizaran de cualquier manera.

Daré una prueba de mi celo: un día, al arrancar un poco de corteza vieja, vi dos escarabajos raros y agarré uno con cada mano; luego vi un tercero y de un tipo nuevo, que no soportaba perder, así que me metí en la boca el que tenía en la mano derecha. ¡Ay! Este eyectó un fluido sumamente acre que me quemó la lengua, de modo que me vi obligado a escupir el escarabajo, el cual se perdió, al igual que el tercero.

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