"Mi padre poseía una memoria extraordinaria, especialmente para las fechas, de modo que, cuando era muy anciano, conocía el día del nacimiento, matrimonio y muerte de multitud de personas en Shropshire; y una vez me dijo que esta facultad le molestaba; pues si escuchaba una fecha una vez, no podía olvidarla; y así acudían con frecuencia a su mente las muertes de muchos amigos. Debido a su gran memoria, conocía un número extraordinario de historias curiosas, que le gustaba contar, ya que era un gran conversador. Estaba por lo general de muy buen humor, y reía y bromeaba con todo el mundo —a menudo con sus sirvientes— con la mayor libertad; sin embargo, tenía el arte de hacer que todos le obedecieran al pie de la letra. Muchas personas le temían mucho. Recuerdo que mi padre nos contó un día, entre risas, que varias personas le habían preguntado si la señorita —, una gran anciana de Shropshire, le había hecho una visita, de modo que al fin preguntó por qué se lo preguntaban; y le dijeron que la señorita —, a quien mi padre de algún modo había ofendido mortalmente, iba diciendo a todo el mundo que iría a visitarlo y le diría «aquel médico viejo y gordo muy claramente lo que pensaba de él». Ya le había hecho una visita, pero le había fallado el valor, y nadie podría haber sido más cortés y amistoso. De muchacho, fui a hospedarme a la casa de —, cuya esposa estaba loca; y la pobre criatura, en cuanto me vio, cayó en el estado de terror más abyecto que jamás vi, llorando amargamente y preguntándome una y otra vez: «¿Viene tu padre?», pero fue calmada pronto. A mi regreso a casa, le pregunté a mi padre por qué estaba tan asustada, y él respondió que se alegraba mucho de oírlo, ya que la había asustado adrede, pues estaba
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Capítulo I. — La familia Darwin.
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