alguna manera pública; ni tampoco, en verdad, se presta bien, ya que nunca puedo reconocer una especie a menos que tenga el ejemplar original, el cual, por fortuna, tengo en muchos casos en el Museo Británico. Hasta aquí tengo la intención de adoptar mi idea de no poner nunca mihi o «Darwin» después de mis propias especies, y de no dar ningún nombre de autor en absoluto en el texto anatómico, ya que la parte sistemática servirá para aquellos que quieran conocer la historia de una especie tan bien como pueda elaborarla imperfectamente...
CHARLES DARWIN A J.D. HOOKER.
[The Lodge, Malvern, 28 de marzo de 1849.]
Mi querido Hooker,
¡Su carta del 13 de octubre se ha quedado sin respuesta hasta el día de hoy!
¡Qué ingrata manera de corresponder a una carta que tanto me interesó y que contenía información tan abundante y curiosa! Pero he tenido un mal invierno.
El 13 de noviembre murió mi pobre y querido padre, y nadie que no lo hubiera conocido creería que un hombre de más de ochenta y tres años pudiera haber conservado una disposición tan tierna y afectuosa, con toda su agudeza intacta hasta el final. Me encontraba entonces tan mal que no pude viajar, lo cual aumentó mi desdicha. En verdad, todo este invierno he estado bastante mal... y mi sistema nervioso comenzó a verse afectado, de modo que me temblaban las manos y a menudo me daba vueltas la cabeza. No podía hacer nada un día de cada tres, y estaba demasiado abatido para escribirle, o para hacer otra cosa que no fuera lo estrictamente obligado. Pensaba que caminaba rápidamente hacia el sepulcro.