Te enviaré por medio de Hall las «Transacciones entomológicas» que te he pedido prestadas; te decepcionarán los artículos de —, a menos que supongas que mi querido amigo tiene una sola idea clara sobre cualquier tema. Ha mezclado tanto los insectos recientes con los verdaderos insectos fósiles en una sola tabla que mucho me temo que no saques mucho en limpio, a pesar de ser un tema que, a mi juicio, debería incluirse en los «Principios». Te divertirán algunos de los pasajes ridículo-sublimes de los artículos y, sin duda, sentirás vivamente una burla que hay dirigida contra ti.
He oído de más de una fuente que se esperan disputas en Newcastle (en la reunión de la Asociación Británica); siento oírlo. Me encontré con el viejo — esta tarde en el Athenaeum, y murmuró algo acerca de escribirle a usted o a alguien sobre el asunto; sin embargo, yo estoy completamente a oscuras. Supongo, no obstante, que seré iluminado, pues voy a cenar con él dentro de unos días, ya que mis facultades inventivas fallaron a la hora de poner alguna excusa.
Un amigo mío cenó con él el otro día, un grupo de cuatro, y se acabaron diez botellas de vino; un futuro prometedor para mí, pero estoy decidido a no probar ni una gota de su vino, en parte por la gracia de ver su infinito disgusto y sorpresa...
Me da lástima someterle al suplicio de esta carta de lo más despiadada. Le ruego que le envíe mis más cariñosos recuerdos a la señora Lyell cuando llegue a Kinnordy. Vi su nombre en el libro del mesonero de Inverorum. Dígale a la señora Lyell que lea la segunda serie de los Dichos de Mr. Slick de Slickville... Casi supera a «Samivel», ese príncipe de los héroes. Buenas noches, mi querido Lyell; usted pensará que he estado bebiendo algún licor fuerte para escribir tantas tonterías, pero hoy ni siquiera he probada la cerveza floja de Minerva.
Suyo afectísimo,
CHAS. DARWIN.