escuela, me veo obligado a contarle todo lo que me favorece. A menudo he dicho que una vez tuve un muy buen amigo, un tory de pura cepa, y que nos apañábamos para llevarnos bastante bien. Pero él es muy propenso a dudar de que alguna vez haya tenido semejante honor; en el presente apenas oímos nada sobre política; esto ahorra una gran cantidad de problemas, pues todos nos aferramos a nuestras opiniones anteriores con algo más de tozudez que antes y podemos dar algo menos de razones para hacerlo.
Tengo la esperanza de que me escribas («H.M.S. "Beagle", S. American Station» me encontrará). Me agradaría mucho saber en qué estado os encontráis ambos, física y mentalmente. ¿Quién Sabe?, como dice la gente aquí (y Dios sabe que bien pueden decirlo, pues saben bien poco), si no eres un hombre casado y estás criando, como dice la señorita Austen, pequeñas ramitas de olivo, pequeñas prendas de afecto mutuo.
¡Eheu! ¡Eheu! esto me trae a la memoria visiones pasadas de vistazos al futuro, donde imaginaba ver un retiro, cabañas verdes y enaguas blancas. Qué será de mí en el futuro no lo sé; me siento como un hombre arruinado, que no ve ni le importa cómo salir de esta situación. Que este viaje debe llegar a su fin me lo dice la razón, pero por lo demás no le veo fin.
Es imposible no lamentar amargamente a los amigos y otras fuentes de placer que uno deja atrás en Inglaterra; en su lugar hay mucho disfrute sólido, parte presente, pero más en previsión, cuando las ideas adquiridas durante el viaje puedan compararse con las nuevas. Encuentro en la Geología un interés inagotable; como se ha señalado, crea las mismas grandes ideas respecto a este mundo que la Astronomía para el universo.
Hemos visto muchos paisajes hermosos; el de los Trópicos, en su gloria y frondosidad, supera incluso la capacidad del lenguaje de Humboldt para describirlo. Solo un escritor persa podría hacerle justicia y, si lo lograra, en Inglaterra lo llamarían el «Abuelo de todos los mentirosos».