Siempre que he descubierto que he cometido un error, o que mi trabajo ha sido imperfecto, y cuando he sido criticado con desprecio, e incluso cuando se me ha alabado en exceso, de modo que me he sentido mortificado, mi mayor consuelo ha sido repetirme cientos de veces que «he trabajado tan duro y tan bien como he podido, y nadie puede hacer más que esto».
Recuerdo que en la bahía Buen Suceso, en Tierra del Fuego, pensé (y creo que escribí a casa en tal sentido) que no podría emplear mejor mi vida que aportando un poco a las Ciencias Naturales. Esto lo he hecho lo mejor que he podido, y los críticos podrán decir lo que quieran, pero no pueden destruir esta convicción.
Durante los dos últimos meses de 1859 estuve plenamente ocupado en la preparación de una segunda edición del «Origen» y en una correspondencia enorme.
El 1 de enero de 1860 comencé a ordenar mis notas para mi obra sobre la «Variación de los animales y las plantas bajo domesticación»; pero no se publicó hasta principios de 1868; el retraso se debió en parte a frecuentes enfermedades, una de las cuales duró siete meses, y en parte a la tentación de publicar sobre otros temas que en aquel momento me interesaban más.
El 15 de mayo de 1862 se publicó mi pequeño libro sobre la «Fecundación de las orquídeas», que me costó diez meses de trabajo; la mayor parte de los hechos se habían ido acumulando lentamente durante varios años anteriores. Durante el verano de 1839, y creo que también durante el verano anterior, me llevó a ocuparme de la fecundación cruzada de las flores con la