que el experimento no se desperdiciara; sentía que el experimento era sagrado, por muy insignificante que fuera—. Deseaba aprender lo máximo posible de un experimento, de modo que no se limitaba a observar el punto único al que este iba dirigido, y su capacidad para ver una serie de cosas más era maravillosa. No creo que le importaran las observaciones preliminares o toscas destinadas a servir de guía y a ser repetidas. Cualquier experimento realizado debía ser de alguna utilidad, y a este respecto recuerdo con qué firmeza insistía en la necesidad de conservar las notas de los experimentos que fallaban, regla a la que siempre se
En la parte literaria de su obra tenía el mismo horror a perder el tiempo, y el mismo celo en lo que estaba haciendo en el momento, y esto hacía que tuviera cuidado de no verse obligado innecesariamente a leer nada por segunda vez.
Su tendencia natural era utilizar métodos sencillos y pocos instrumentos. El uso del microscopio compuesto ha aumentado mucho desde su juventud, y esto a expensas del simple.
Nos llama la atención hoy en día de forma extraordinaria que no dispusiera de un microscopio compuesto cuando realizó su viaje en el «Beagle»; pero en esto siguió el consejo de Robt. Brown, que era una autoridad en tales asuntos.
Siempre sintió un gran apego por el microscopio simple, y sostenía que hoy en día se le prestaba demasiada poca atención, y que uno siempre debía ver todo lo posible con el simple antes de pasar al microscopio compuesto. En una de sus cartas habla sobre este punto y comenta que siempre sospecha del trabajo de un hombre que nunca usa el microscopio simple.