oficiales como por la tripulación. La ocasional severidad de sus modales se toleraba porque todos a bordo sabían que su primer pensamiento era su deber, y que sacrificaría cualquier cosa por el verdadero bienestar del barco. Mi padre escribe, en julio de 1834: «Todos marchamos muy bien juntos, no hay discusiones a bordo, lo cual ya es decir algo. El capitán mantiene todo tranquilo regañando a cada uno a su turno». La mejor prueba de que Fitz-Roy era apreciado como comandante la da el hecho de que muchos ('Voyage of the "Adventure" and "Beagle"', vol. ii, pág. 21) de la tripulación habían navegado con él en el viaje anterior de la «Beagle», y había unos cuantos oficiales, así como marineros y soldados de infantería de marina, que habían servido en la «Adventure» o en la «Beagle» durante toda aquella expedición.
Mi padre habla de los oficiales como de un grupo de hombres excelentes y decididos, y en especial de Wickham, el primer teniente, como de un «tipo magnífico». Como este último era el responsable de la pulcritud y el aspecto del barco, se opuso firmemente a que llenara las cubiertas de