VI De la bondad y de la moderación.
VII
Instrucciones diversas sobre la guerra.
I De la disciplina.
1 P. Escipión, llegado ante Numancia, restableció en el ejército la disciplina[114], que había decaído por negligencia de los jefes anteriores. Despidió a un gran número de criados y devolvió a los soldados el hábito del deber, sometiéndolos cada día a penosos ejercicios.
Les imponía carreras frecuentes, obligándolos a llevar las provisiones para varios días, de modo que se acostumbraron a soportar el frío y la lluvia, y a cruzar a pie los vados de los ríos. A menudo les reprochaba su molicie y su falta de valor, y destrozaba los muebles que encontraba demasiado refinados o de poca utilidad en las expediciones.
Obró de este modo, en particular, respecto al tribuno C. Memmio, a quien, según se dice, dirigió estas palabras: «No serás más que por poco tiempo inútil para la república y para mí, pero lo serás siempre para ti mismo».
2 Q. Metelo, en la guerra contra Yugurta, restableció con una severidad semejante la disciplina relajada de sus tropas, y llegó hasta prohibir a los soldados consumir otra carne que no fuera aquella que ellos mismos hubieran asado o hervido.