y allá algunos arqueros en las murallas. Sus tropas se embarcaron sin ruido; y, tan pronto como estuvo en el mar, los arqueros, retirándose por caminos que les eran conocidos, se reunieron con él con la ayuda de pequeñas embarcaciones.
6 El cónsul C. Duilio, habiéndose adentrado imprudentemente en el puerto de Siracusa[31], y viéndose encerrado en él por una cadena tendida en la entrada, hizo pasar a todos sus soldados a la popa de sus naves, las cuales, al tener por esta maniobra la parte trasera inclinada y la proa levantada, fueron impulsadas a fuerza de remos, y pasaron por encima de la cadena. Después de lo cual, habiéndose trasladado los soldados hacia la proa, su peso arrastró las naves al otro lado del obstáculo.
7 Lisandro, de Lacedemonia, encerrado con toda su flota en el puerto de Atenas, cuyas estrechas salidas estaban vigiladas por las naves enemigas, desembarcó secretamente a sus tropas en la orilla y pasó, con la ayuda de rodillos, sus naves al puerto de Muniquia, vecino