su padre había hecho en su presencia; y el hijo comprendió que debía inmolar a los primeros de la ciudad.
5 C. César, sospechando de la fidelidad de los egipcios, visitó con fingida seguridad la ciudad de Alejandría y sus fortificaciones, se entregó al mismo tiempo a voluptuosos banquetes y quiso parecer tan prendado de los encantos de estos lugares que llegó a abandonarse a las costumbres y al género de vida de los alejandrinos; y, disimulando de este modo, hizo venir refuerzos y se aseguró el Egipto.
6 Ventidio, en la guerra contra los partos, que tenían por jefe a Pacoro, sabiendo muy bien que cierto Farné, de la ciudad de Ciro y del número de aquellos que pasaban por aliados de los romanos, informaba al enemigo de todo lo que sucedía en su campamento, supo sacar partido de la perfidia de este bárbaro. Fingió temer los acontecimientos que más deseaba, y desear aquellos que temía.
Así, temiendo que los partos cruzaran el Éufrates antes de que él hubiera recibido las legiones que tenía en Capadocia, más allá del Tauro, actuó con tanta habilidad con aquel traidor, que este, con su acostumbrada perfidia, fue a aconsejar a los enemigos que hicieran pasar su ejército por Zeugma, por ser el camino más corto y porque el Éufrates fluía allí apaciblemente, al no estar ya encajado entre sus orillas.
Ventidio le había afirmado, según decía, que si los partos se dirigían hacia su lado, él ganaría las alturas para evitar a sus arqueros, mientras que tendría todo que temer si se lanzaban al llano.
Atónitos ante tanta seguridad, los bárbaros bajan a la llanura y, dando un largo rodeo, llegan a Zeugma[19]. Allí, estando las orillas del río más separadas y haciendo más penosa la construcción de puentes, pierden más de cuarenta días en establecer uno o en poner en marcha las máquinas necesarias para esta operación.