alcanzado la orilla, fueron despedazados por las tropas que había dispuesto con ese fin.
45 El mismo, estando a punto de librar batalla en el mar, levantó unos mástiles en un promontorio y dio orden a los soldados que dejaba allí de desplegar las velas en cuanto vieran trabada la acción. Este artificio tuvo como resultado hacer huir al enemigo, que pensó que una nueva flota llegaba en auxilio de Alcibíades.
46 Memnón de Rodas, que tenía una flota de dos guantes naves —o doscientos bajeles—, y queriendo atraer al enemigo al combate, ordenó a sus soldados que no alzaran los mástiles más que en un pequeño número de naves, que hizo avanzar primero. Los enemigos, juzgando desde lejos el número de los barcos por el de los mástiles, aceptaron el combate, y fueron envueltos y vencidos por una flota más numerosa que la suya.
47 Timoteo, general ateniense, estando a punto de entablar combate con los lacedemonios, cuya flota, dispuesta en orden de batalla[77], avanzaba contra él, envió por delante veinte de sus naves más ligeras para hostigar al enemigo con toda clase de astucias y maniobras; y tan pronto como advirtió que los movimientos del enemigo se ralentizaban, abordó y derrotó fácilmente a aquella flota ya fatigada.
VI. Dejar huir al enemigo, no sea que, viéndose cercado, reanude el combate por desesperación.
1 Los galos careciendo de barcas para cruzar el Tíber, después de la batalla que Camilo les ganó, el senado quiso que se les facilitara el paso y que incluso se les diera víveres. Más tarde, cuando tropas de esta nación huyeron atravesando el Pomptinum, se les dejó libre un camino que todavía hoy se llama la ruta de los galos.
2 L. Marcio, caballero romano, a quien el ejército confió el mando tras la muerte de los dos Escipiones, viendo a los cartaginenses, a quienes tenía