Habiéndolos hecho volver así al combate, obtuvo la victoria.
7 Escipión, al ver que sus tropas emprendían la huida cerca de Numancia, les anunció que trataría como enemigo a todo soldado que encontrase de regreso en el campamento.
8 El dictador Servilio Prisco, queriendo hacer avanzar los estandartes de las legiones contra los faliscos, mató a un abanderado que dudaba. Los demás, atemorizados por este ejemplo, se lançaron sobre el enemigo.
- Tarquino, librando batalla contra los sabinos, y viendo que su caballería tardaba en cargar, dio la orden de desbridar los caballos, y de lanzarlos a todo correr para romper las filas enemigas.
10 Coso Cornelio, maestro de la caballería, hizo otro tanto contra los fidenates.
11 En la guerra de los samnitas, el cónsul M. Atilio opuso tropas a aquellos de sus soldados que abandonaban el campo de batalla para refugiarse en el campamento, y declaró a estos que tenían que combatir contra él mismo y los buenos ciudadanos, o contra el enemigo. Por este medio los devolvió a todos al combate.
12 L. Sila, viendo que sus legiones cedían ante un ejército de Mitrídates comandado por Arquelao, desenvainó su espada, corrió delante de la primera línea y, dirigiéndose a los soldados:
«Si os preguntan —dijo— dónde habéis dejado a vuestro general, responded: "En el campo de batalla, en Beocia."» Al instante, el ejército entero, invadido por la vergüenza, lo siguió.
13 El divino Julio César, en la batalla de Munda, al ver que sus tropas vacilaban, mandó retirar su caballo fuera de su vista y corrió a pie a ponerse en las primeras filas[86]. Los soldados, avergonzados de abandonar a su general, restablecieron el combate.