dos campamentos cartagineses separados el uno del otro por unas cuantas millas, animó a sus soldados y atacó, en medio de la noche, el campamento más próximo. Cayó sobre los enemigos en el momento en que, confiando en su victoria, estaban poco en guardia, y no dejó escapar ni a uno solo que pudiera anunciar su desastre; luego, tras un instante de reposo concedido a sus tropas, fue, en esa misma noche, adelantándose a la noticia de su expedición, a abalanzarse sobre el otro campamento. Con el doble revés que hizo sufrir a los cartagineses, restableció en España la dominación del pueblo
XI. Mantener en el deber a aquellos cuya fidelidad es dudosa.
1 P. Valerio, temiendo una revuelta de los habitantes de Epidauro, debido a que tenía pocas tropas en dicha ciudad, preparó unos juegos gimnásticos lejos de los muros. Habiendo salido casi toda la población para disfrutar de este espectáculo, cerró las puertas y solo permitió la entrada a los epidaurios después de haber conseguido que los ciudadanos principales le entregaran rehenes.
2 Cneo Pompeyo, que desconfiaba de los de Catania y temía que no recibieran a sus tropas en guarnición, les pidió que permitieran a sus enfermos alojarse temporalmente en su ciudad para recuperarse; y, con la ayuda de sus mejores soldados, a los que envió allí haciéndolos pasar por enfermos, se apoderó de la plaza y la mantuvo en la obediencia.
3 Alejandro, marchando hacia Asia, después de haber vencido y someter a los tracios, y temiendo que estos pueblos tomaran de nuevo las armas tras su partida, se llevó consigo, como a título de honor, a sus reyes, a sus generales y a todos aquellos que parecían tener en el corazón su libertad perdida; luego puso al pueblo bajo la dominación de plebeyos que, siéndole deudores de su elevación, no quisieron cambiar nada de lo que él había hecho; y la nación no pudo emprender nada, al no tener ya a sus verdaderos jefes.