Hay sin embargo un gran número de hechos acaecidos en nuestras últimas guerras que vienen en apoyo del antiguo precepto: solo citaremos uno. Durante la campaña de Francia, el 27 de marzo de 1814, en Connantray, la caballería de la guardia rusa, aprovechando un chubasco que azotaba violentamente el frente del ejército del duque de Ragusa y del duque de Treviso, hizo una carga general y puso a los franceses en desbandada, arrebatándoles veinticuatro piezas de cañón.
[60] Los tacticos han recomendado de todo tiempo estratagemas de este género: Milcíades dio un ejemplo en Marathon. Véase Cornelio Nepote, Vida de Milcíades, cap. V.
[61] Esos íberos eran sin duda españoles mercenarios al servicio de Cartago.
[62] Esta manera de atacar de sesgo al enemigo no es otra cosa que lo que hoy se denomina el orden oblicuo. Consiste en reunir fuerzas considerables contra un punto cualquiera de la línea enemiga, de manera que sea aniquilada en ese punto, o cortada para tomarla después por el flanco y por la retaguardia, si es posible. Epaminondas pasa por ser el primer general que adoptó este sistema de ataque, al cual debió las victorias de Leuctra y de Mantinea. Se le llama oblicuo por oposición al orden paralelo, habitualmente seguido en la antigüedad, pero abandonado hoy en día. Hay varias maneras de emplear el orden oblicuo: * se puede golpear en un punto del frente de batalla del ejército enemigo, o en dos puntos a la vez, como hizo Napoleón en Austerlitz; * o bien se intentará romper el centro y desbordar