en nada ni a los ruegos ni a las instancias de los soldados, lo persiguió hasta Roma, donde se había refugiado; y allí el dictador no le perdonó el suplicio a Fabius sino hasta que este, junto con su padre, vino a arrojarse a sus rodillas, y el senado y el pueblo[120], de común acuerdo, intercedieron por él.
40 Manlio, que desde entonces fue apodado Imperiosus, mandó azotar con varas y degollar con el hacha a su hijo, quien había entablado, en contra de sus órdenes, un combate en el cual, sin embargo, había salido victorioso[121].
41 El joven Manlio, al ver que los soldados estaban dispuestos a sublevarse en su favor contra su padre, les dijo que no había nadie cuya vida fuera lo bastante preciosa como para echar por tierra la disciplina; y consiguió de ellos que le dejaran sufrir su castigo.
42 Q. Fabio Máximo mandó cortar la mano derecha a los desfallecidos.
43 Cuando el cónsul C. Curión iba a hacer la guerra a los dardanios, una de las cinco legiones que mandaba se amotinó cerca de Dirraquio, negándose al servicio y declarando que no seguiría a aquel jefe temerario en una expedición tan penosa y peligrosa; él ordenó a las cuatro legiones restantes que salieran del campamento y formaran en orden de batalla, con las armas en la mano, como para combatir; luego hizo avanzar a la legión rebelde, sin armas y sin cíngulos, en presencia de todo el ejército, y la obligó a segar la hojarasca para los caballos. Al día siguiente volvió a quitar los cíngulos a los soldados, les hizo cavar una fosa e, insensible a todas las súplicas de dicha legión, le arrebató sus enseñas, abolió incluso su nombre e incorporó en las otras legiones a los soldados que la componían.
- Bajo el consulado de Quintو Fulvio y Apio Claudio, los soldados que, después de la batalla de Cannes, habían sido relegados a Sicilia por orden del senado, suplicaron[122] a Marco Marcelo que los enviara contra el