1 M. Curio, viendo la imposibilidad de resistir a la falange de Pirro[58], cuando estaba desplegada, se las ingenió para combatirla en un lugar estrecho, donde las filas demasiado apretadas debían estorbarse a sí mismas.
2 Cn. Pompeyo, en Capadocia, eligió para su campamento una altura desde la cual sus tropas, secundadas en su ímpetu por la pendiente del terreno, se abalanzaron sobre el ejército de Mitrídates y obtuvieron fácilmente la victoria.
3 C. César, teniendo que combatir a Farnaces, hijo de Mitrídates, formó su ejército en una colina, lo que le valió una pronta victoria: pues los dardos, lanzados desde lo alto contra los bárbaros que subían al ataque, les hicieron huir al instante.
4 Lúculo, en el momento de librar batalla contra Mitrídates y Tigranes cerca de Tigranocerta, en la Gran Armenia, se apresuró a ocupar, con una parte de sus tropas, una meseta que coronaba una altura vecina, desde donde se precipitó sobre los enemigos, que estaban más abajo. Flanqueó a su caballería, la puso en fuga y, habiéndola precipitado sobre su infantería, a la que aplastó, obtuvo una victoria aplastante.
5 A la llegada de los partos, Ventidio no hizo salir a su ejército del campamento hasta que aquellos bárbaros no estuvieron más que a quinientos pasos de él. Entonces, saliendo repentinamente a su encuentro, se acercó tanto que las flechas, que solo pueden servir desde lejos, les fueron inútiles, y se combatió cuerpo a cuerpo. Este ardid, unido a la seguridad que había mostrado en el ataque, le dio pronto la victoria sobre aquellos bárbaros.
6 Aníbal, a punto de entablar combate con Marcelo cerca de Numistro, cubrió su flanco con caminos hondos y escarpados; y, aprovechándose de la disposición del terreno como de una trinchera, venció a este ilustre capitán.