disponiéndose él mismo a seguirlo para apoyarlo.
11 Dionisio, tirano de Siracusa, informado de que un numeroso ejército de cartagineses iba a desembarcar en Sicilia para atacarla, fortificó varios castillos, y dio la orden a las tropas que dejó en ellos de abandonarlos a la aproximación del enemigo, y de escapar retirándose secretamente hacia Siracusa.
Los cartagineses, una vez dueños de estos fuertes, se vieron en la necesidad de colocar guarniciones en ellos; y Dionisio, habiendo reducido, tanto como deseaba, las fuerzas del enemigo al diseminarlas, mientras que al reunir las suyas se había hecho un ejército casi tan numeroso como el de ellos, tomó la ofensiva y los derrotó.
12 Agesilao, rey de Lacedemonia, yendo a hacer la guerra a Tisafernes[42], fingió dirigirse a Caria, como si fuera a combatir con más éxito en este país montañoso[43] contra un enemigo que le era superior en caballería. Habiendo hecho esta demostración que Tisafernes en persona pasara a Caria, Agesilao irrumpió en Lidia, donde estaba la capital del reino; y, tomando por sorpresa a los habitantes, se apoderó de los tesoros del rey.
IX. Apaciguar las sediciones en el ejército.
1 El cónsul A. Manlio, habiendo sabido que los soldados habían conspirado en sus cuarteles de invierno, en Campania, para degollar a sus anfitriones y apoderarse de sus riquezas, esparció el rumor de que tendrían los mismos cuarteles el invierno siguiente. Salvó a Campania al desbaratar así la conjura, y aprovechó todas las ocasiones para castigar severamente a los que la habían urdido.
2 Habiéndose levantado una peligrosa sedición entre las legiones romanas, la prudencia de Sila supo calmar su furor. Anunciando de repente la aproximación del enemigo, mandó gritar a las armas y dar la