puso en su persecución a la caballería numida y pasó a cuchillo a un ejército hasta entonces victorioso por tierra y por mar.
12 Epaminondas, general tebano, dispuesto a avanzar en batalla contra los lacedemonios, hizo correr por el frente de su ejército a unos jinetes que levantaron una nube inmensa de polvo ante los ojos del enemigo; y, mientras este último esperaba un combate de caballería, Epaminondas, dando un rodeo con su infantería, se apostó de tal manera que pudo tomar por la espalda a los lacedemonios, cayó sobre ellos de improviso y los hizo pedazos.
13 Contra el ejército innombrable de los persas, trescientos espartanos defendieron el paso de las Termópilas, desfiladero donde solo un número igual de enemigos podía combatir con ellos cuerpo a cuerpo. Iguales así en número a los bárbaros, en cuanto a la facilidad de entrar en combate, pero más valientes que ellos, mataron a gran parte de ellos; y no habrían sido vencidos, si los persas, guiados por el traidor Efialtes de Traquinia, no los hubieran sorprendido por la espalda.
14 Temístocles, general ateniense, viendo que el partido más útil que debían tomar los griegos contra la inmensa flota de Jerjes era librar batalla en el estrecho de Salamina, y no pudiendo persuadir a sus conciudadanos, indujo a los bárbaros, por medio de una astucia, a poner a los griegos en la necesidad de aprovecharse de sus ventajas. Mediante una traición simulada, envió un mensaje a Jerjes para advertirle de que los griegos aliados pensaban retirarse, y que encontraría demasiadas dificultades si tenía que asediar las ciudades de ellos una tras otra. Este estratagema logró primero quitar el reposo a los bárbaros, que estuvieron durante toda la noche en guardia y en observación; y después obligar a los griegos, cuyas fuerzas estaban intactas, a combatir con los bárbaros, fatigados por su vigilia, en un lugar estrecho, como él deseaba,