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nydus/Les stratagèmesPublic
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Prólogo

5 C. Mario, provocado por un teutón a un combate singular, le dijo que, si estaba deseoso de morir, una cuerda podía poner fin a su vida. Como el bárbaro insistía, Mario le mostró a un viejo gladiador, cuya pequeña estatura inspiraba desprecio, y le dijo:

«Cuando hayas vencido a este hombre, combatiré contra ti».

6 Q. Sertorio, sabiendo por experiencia que no podía resistir a las fuerzas reunidas de los romanos, y queriendo probárselo a los bárbaros, sus aliados, que pedían temerariamente el combate, hizo traer a su presencia dos caballos, uno lleno de vigor y otro extremadamente débil, junto a los cuales colocó a dos jóvenes que ofrecían el mismo contraste, uno robusto y otro canijo; y le ordenó al primero que arrancara de un solo golpe toda la cola del caballo débil, y al segundo que arrancara uno a uno los pelos de la cola del caballo vigoroso.

Habiéndose cumplido la tarea por parte del joven canijo, mientras que el otro forcejeaba inútilmente con la cola del caballo débil:

«Soldados —exclamó Sertorio—, os he demostrado con este ejemplo lo que son las legiones romanas: invencibles cuando se las ataca en masa, serán pronto debilitadas y hechas pedazos si se las ataca por separado.»

7 El cónsul Valerio Levino, que tenía una gran confianza en sus tropas, ordenó pasear por su campamento a un espía que había sido sorprendido en él; y, para intimidar a los enemigos, declaró que les permitía hacer observar su ejército por sus espías todas las veces que lo quisieran.

8 El primipilo Celio, que, tras la derrota de Varo en Germania, sirvió de general a nuestro ejército cercado por los bárbaros, temía que estos se acercaran a sus trincheras con la leña que habían amontonado e incendiaran su campamento. Fingió que a él mismo le faltaba leña y,

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