su obra sobre la poliorcética de los antiguos, que, más de veinte siglos antes de la era cristiana, los egipcios habían llevado a un punto muy elevado el arte de fortificar las ciudades, y que sus templos eran verdaderas ciudadelas; que los monumentos de Karnak, de Lúxor, etc., ofrecen gaviones, máquinas para la escalada y tortugas; que entre los hebreos, la mina o el zapador se empleaban en tiempos de Jacob; que bajo Ozías (870 a. C.) se hacía uso de balistas y catapultas; en fin, que doscientos años después, las ciudades eran atacadas por medio de torres móviles, terrazas, el ariete, etc., todas cosas que los pueblos de Oriente conocieron antes que los griegos.
[91] Esto recuerda la frase del mariscal de Sajonia: «Todo el secreto de la guerra está en las piernas». Pero tal vez el mariscal tenía en vista, además de las ventajas de la velocidad, las del paso acompasado, del cual es el inventor.
[92] Este estratagema recuerda el artificio con el que