16 Epaminondas, general tebano, convencido de que sus tropas marcharían con más confianza contra los lacedemonios si las animaba un motivo religioso, retiró durante la noche las armas suspendidas como trofeos en los templos, e hizo creer a los soldados que los dioses los seguían para socorrerlos en el combate.
17 Agesilao, rey de Lacedemonia, habiendo hecho algunos prisioneros persas, cuyo aspecto es aterrador cuando llevan su indumentaria de guerra, los desnudó y mostró sus cuerpos blancos y delicados a sus tropas, para que no tuvieran más que desprecio por semejantes soldados.
18 Gélon, tirano de Siracusa, habiendo hecho en una guerra contra los cartagineses un gran número de prisioneros, eligió a los más débiles, sobre todo entre los auxiliares, que eran muy negros, y los hizo aparecer desnudos en presencia de sus soldados, para excitar su desprecio.
19 Ciro, rey de Persia, queriendo infundir valor a sus súbditos, los hizo trabajar fatigosamente todo un día cortando un bosque; después, al día siguiente, les preparó un banquete suntuoso y les preguntó cuál de esos dos días preferían. Habiéndose pronunciado todos por el placer presente: «Pues bien —dijo—, es mediante la primera de las dos condiciones como llegaréis a esta; pues no podréis ser libres y felices sino después de haber vencido a los medos». Fue así como les inspiró el deseo de combatir.
20 L. Sila, debiendo librar batalla, cerca del Pireo, contra Arquelao, general de Mitrídates, y viendo que sus tropas carecían de ardor, las obligó, fatigándolas con trabajos, a pedir ellas mismas la señal del combate.
21 Fabio Máximo, que temía que sus soldados no combatieran con suficiente ardor, con la esperanza de encontrar un refugio en sus naves, les prendió fuego antes de entablar el combate.
XII. Tranquilizar a los soldados cuando están intimidados por malos augurios.