26 Los ligures emplearon un medio análogo para engañar la vigilancia de los romanos: ataron a unos árboles, en diferentes lugares de su campamento, a jóvenes bueyes que, así separados los unos de los otros, redoblaron sus mugidos, y dieron a entender con ello que el ejército seguía estando presente.
27 Hanón, cercado por tropas enemigas, amontonó en el lugar por donde más fácilmente podía escapar una gran cantidad de leña menuda a la que prendió fuego. Habiendo abandonado los enemigos esta posición para ir a vigilar las otras salidas, hizo pasar a sus soldados a través de las llamas, tras haberles recomendado que se cubrieran el rostro con los escudos y las piernas con ropas.
28 Aníbal, queriendo salir de un lugar desventajoso donde se veía amenazado por la escasez y acosado de cerca por Fabio Máximo, hizo huir de un lado para otro, durante la noche, a unos bueyes a cuyos cuernos había atado haces de sarmientos[35], que fueron encendidos. Estos animales, aterrorizados por la llama que sus propios movimientos avivaban aún más, se