6 En una de las guerras púnicas, algunas ciudades, que tenían la intención de pasarse del partido de los romanos al de los cartagineses, y que deseaban, antes de romper con los primeros, recuperar los rehenes que les habían dado, fingieron tener una querella con pueblos vecinos, pidieron a los romanos que actuaran como mediadores, y, cuando estos llegaron, los retuvieron como rehenes equivalentes, y no los devolvieron sino después de haber recibido los suyos.
7 Los romanos habiendo enviado una embajada al rey Antíoco, quien, tras la derrota de los cartagineses, tenía a su lado a Aníbal, cuyos consejos aprovechaba contra Roma; los diputados[41] tuvieron frecuentes entrevistas con Aníbal, con el fin de hacerlo sospechoso al rey, a quien su presencia le era grata, e incluso útil, a causa de su carácter astuto y de sus talentos militares.
8 Q. Metelio, al hacer la guerra contra Yugurta, ganó a los embajadores que este príncipe le había enviado y consiguió de ellos que se lo entregaran. Concertó el mismo plan con una segunda embajada y luego con una tercera; pero no logró apoderarse de Yugurta porque quería que se lo trajeran vivo. Sin embargo, de esta maquinación resultó una gran ventaja: fueron interceptadas unas cartas que él escribía a los confidentes del rey, y este, habiendo inmolado a su cólera a todos dichos personajes, se quedó sin consejeros y no pudo hacerse en adelante con ningún amigo.
9 C. César, informado por un prisionero de que Afranio y Petreyo debían levantar el campamento la noche siguiente, resolvió impedírselo sin fatigar a sus tropas. Ordenó, cuando llegó la noche, que se diera la señal de levantar el campamento, que se condujera con gran ruido a las bestias de carga a lo largo de las trincheras de los enemigos y que se continuara el tumulto, para que aquella partida simulada los retuviera en su campamento.
10 Escipión el Africano, queriendo sorprender a los refuerzos y a los convoyes que iban a unirse a Aníbal, envió a su encuentro a M. Termo,