2 Aníbal, con la intención de cubrir de infamia a Fabio, que le era superior tanto en virtud como en talento militar, respetó sus propiedades mientras arrasaba las de los demás romanos. Pero la grandeza de alma de Fabio puso su lealtad a salvo de toda sospecha: vendió sus bienes en beneficio del Estado.
3 Q. Fabio Máximo, siendo cónsul por quinta vez, cuando los galos, los umbros, los etruscos y los samnitas unieron sus fuerzas contra el pueblo romano, avanzó a su encuentro más allá de los Apeninos; y, mientras fortificaba su campamento cerca de Sentinum, escribió a Fulvio y a Postumio, que custodiaban Roma, para que dirigieran sus tropas hacia Clusium[40]. Ejecutada esta orden, los etruscos y los umbros acudieron en defensa de su territorio; entonces, como ya solo quedaban los samnitas y los galos, Fabio y su colega Decio los atacaron y los derrotaron.
4 Los sabinos, habiendo levantado un gran ejército y abandonado su territorio para lanzarse sobre el de Roma, M. Curio envió, por caminos desviados, un destacamento que arrasó sus tierras y prendió fuego a sus aldeas en varias direcciones. Los sabinos regresaron a sus hogares para detener esta devastación; de modo que Curio obtuvo la triple ventaja de saquear el país enemigo que entonces se hallaba sin defensa, poner en fuga a un ejército sin haber librado batalla y pasarlo a cuchillo después de haberlo dispersado.
- T. Didio, al no encontrar su ejército lo bastante numeroso, posponía la batalla hasta la llegada de las legiones que aguardaba, cuando supo que el enemigo iba a marchar a su encuentro. Convocó la asamblea, ordenó a los soldados que se prepararan para el combate y descuidó a propósito la guardia de los prisioneros. Se escaparon algunos de ellos, los cuales anunciaron a los suyos que los romanos se disponían a atacarlos. Entonces, ante la expectativa del combate, el enemigo temió dividir sus fuerzas y renunció a marchar contra las legiones que quería sorprender. Estas llegaron cerca de Didio sin haber sido molestadas.