La procesión de búfalos duró tres horas enteras, y ya era de noche cuando la vía quedó despejada. Las últimas filas de la manada cruzaban ahora sobre los rieles, mientras que las primeras ya habían desaparecido bajo el horizonte meridional.
Eran las ocho cuando el tren atravesó los desfiladeros de la cordillera Humboldt, y las nueve y media cuando penetró en Utah, la región del Gran Lago Salado, la singular colonia de los mormones.