pronto como hubo luz, Passepartout llamó vigorosamente a la puerta de su amo. El señor Fogg la abrió y preguntó: —¿Qué pasa, Passepartout?
—¿Qué pasa, señor? Vaya, si acabo de descubrirlo en este mismo instante...
¿Qué?
—Que habríamos podido dar la vuelta al mundo en sólo setenta y ocho días.
—Sin duda —respondió el señor Fogg—, no cruzando la India. Pero si no hubiera cruzado la India, no habría salvado a Aouda; ella no habría sido mi esposa y…
Mr. Fogg cerró silenciosamente la puerta.
Phileas Fogg había ganado su apuesta y había dado la vuelta al mundo en ochenta días. Para lograrlo, había empleado todos los medios de