sabía que tarde o temprano surgiría algún obstáculo en mi ruta. Nada está perdido, por tanto. Tengo dos días, que ya he ganado, para sacrificar. Un vapor sale de Calcuta hacia Hong Kong al mediodía del 25. Hoy es 22, y llegaremos a Calcuta a tiempo.
No había nada que decir ante una respuesta tan segura.
Era por demás cierto que el ferrocarril terminaba en este punto. Los periódicos eran como ciertos relojes, que tienen la manía de adelantarse, y se habían apresurado al anunciar la finalización de la línea. La mayor parte de los viajeros estaba al tanto de esta interrupción y, abandonando el tren, comenzaron a alquilar los vehículos que el pueblo podía ofrecer: palkigharis de cuatro ruedas, carros tirados por cebúes, carruajes que parecían pagodas ambulantes, palanquines, ponis y qué sé yo cuántas cosas más.