En el que Passepartout se da con un canto en los dientes por salir librado con la pérdida de sus zapatos.
Todo el mundo sabe que el gran triángulo invertido de tierra, con su base en el norte y su vértice en el sur, que se llama India, abarca un millón cuatrocientos mil millas cuadradas, sobre las cuales se reparte desigualmente una población de ciento ochenta millones de almas.
La Corona británica ejerce un dominio real y despótico sobre la mayor parte de este vasto país, y tiene un gobernador general apostado en Calcuta, gobernadores en Madrás, Bombay y Bengala, y un teniente gobernador en Agra.
Pero la India británica, propiamente dicha, abarca únicamente setecientas mil millas cuadradas, y una población de entre cien y ciento diez millones de habitantes. Una porción considerable de la India sigue libre de la autoridad británica; y hay ciertos rajás feroces en el interior que son absolutamente independientes. La célebre Compañía de las Indias Orientales fue todopoderosa desde 1756, cuando los ingleses pusieron pie por primera vez en el lugar donde hoy se levanta la ciudad de Madrás, hasta la época de la gran insurrección de los cipayos. Fue anexionando gradualmente provincia tras provincia, comprándoselas a los jefes nativos, a quienes rara vez pagaba, y nombraba al gobernador general y a sus subordinados, civiles y militares.