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nydus/The Valley of FearPublic
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VII. La solución

—Suficiente y más que suficiente —observó Sherlock Holmes con gravedad.

«Tengo toda la simpatía del mundo hacia usted, señora, y le aconsejaría encarecidamente que confíe en el sentido común de nuestra jurisdicción y que ponga voluntariamente a la policía al corriente de todo. Puede que yo mismo sea culpable por no haber seguido la pista que me sugirió a través de mi amigo, el Dr. Watson; pero, en aquel momento, tenía razones de sobra para creer que usted estaba directamente implicada en el crimen. Ahora tengo la certeza de que no es así. Al mismo tiempo, hay muchas cosas sin explicar, y le recomendaría firmemente que le pida al señor Douglas que nos cuente su propia versión».

La señora Douglas dio un grito de asombro ante las palabras de Holmes. Los detectives y yo debimos de hacernos eco del mismo al percatarnos de la presencia de un hombre que parecía haber salido de la pared, y que ahora avanzaba desde la penumbra del rincón en el que había aparecido. La señora Douglas se volvió, y en un instante lo rodeó con sus brazos. Barker había tomado su mano extendida.

—Es mejor así, Jack —repitió su esposa—; estoy segura de que es lo mejor.

—Desde luego que sí, mister Douglas —dijo Sherlock Holmes—; estoy seguro de que le convendrá más.

El hombre se quedó de pie, parpadeando ante nosotros con la mirada aturdida de quien sale de la oscuridad a la luz. Era un rostro notable: audaces ojos grises, un bigote fuerte, entrecano y bien recortado, una barbilla cuadrada y saliente, y una boca socarrona.

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