El valle del terror
Cuando McMurdo despertó a la mañana siguiente, tenía buenas razones para recordar su iniciación en la logia. Le dolía la cabeza por el efecto de la bebida, y el brazo, donde le habían marcado a fuego, estaba caliente e hinchado. Como tenía su propia y peculiar fuente de ingresos, era irregular en la asistencia a su trabajo; así que desayunó tarde y se quedó en casa durante la mañana escribiendo una larga carta a un amigo. Después leyó el Daily Herald. En una columna especial añadida a última hora leyó: «Atentado en la redacción del Herald: director gravemente herido». Era un breve relato de los hechos, con los cuales él mismo estaba más familiarizado de lo que el redactor podía haber estado. Terminaba con la afirmación:
El asunto se encuentra ahora en manos de la policía; pero apenas cabe esperar que sus esfuerzos obtengan mejores resultados que en el pasado.
Algunos de los hombres fueron reconocidos, y hay esperanzas de que se pueda lograr una condena.
El origen del ultraje fue, huelga decirlo, esa infame sociedad que ha tenido a esta comunidad subyugada durante tanto tiempo, y contra la cual el Herald ha adoptado una postura tan intransigente.
Los numerosos amigos del Sr. Stanger se alegrarán de saber que, aunque ha sido cruel y brutalmente golpeado, y aunque ha sufrido graves lesiones en la cabeza, su vida no corre peligro inmediato.