Se necesitaban otras cualidades, sin embargo, además de las de la buena camaradería, para llegar a ser un digno Freeman, y de ello se le dio una muestra antes de que terminara la velada. La botella de whisky había pasado de mano en mano muchas veces, y los hombres estaban sofocados y maduros para la travesura cuando su Bodymaster se levantó una vez más para dirigirles la palabra.
—Muchachos —dijo—, hay un hombre en este pueblo que necesita un buen escarmiento, y depende de ustedes asegurarse de que se lo den. Me refiero a James Stanger, del Herald. ¿Ya han visto cómo ha estado abriendo la boca contra nosotros otra vez?
Hubo un murmullo de asentimiento, acompañado de muchos juramentos entre dientes. McGinty sacó un papelito del bolsillo de su chaleco.
“¡«Ley y orden!» Así es como encabeza el artículo. > «Reinado del terror en el distrito hullero y del hierro. Doce años han transcurrido ya desde los primeros asesinatos que demostraron la existencia de una organización criminal entre nosotros. Desde aquel día estos atentados no han cesado jamás, hasta que ahora han llegado a un punto que nos convierte en el oprobio del mundo civilizado. ¿Es para obtener resultados como este que nuestro gran país acoge en su seno al extranjero que huye de los despotismos de Europa? ¿Es para que ellos mismos se conviertan en tiranos de los mismísimos hombres que les han dado refugio, y para que se establezca bajo la sombra misma de los sagrados pliegues de la estrellada Bandera de la Libertad un estado de terrorismo e ilegalidad que nos provocaría horror si leyéramos que existe bajo la más decrépita monarquía de Oriente?