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nydus/The Valley of FearPublic
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I. El Hombre

Hubo un murmullo de simpatía y admiración por parte de los mineros ante la intrepidez del recién llegado, mientras los dos policías se encogían de hombros y reanudaban una conversación entre ellos.

Unos minutos más tarde, el tren entró en la estación mal iluminada, y hubo un desalojo general, ya que Vermissa era, con mucho, la ciudad más grande de la línea. McMurdo recogió su maletín de cuero y se disponía a adentrarse en la oscuridad, cuando uno de los mineros lo abordó.

—¡Por las barbas de san Pedro, amigo! Sí que sabes hablarles a los maderos —dijo con voz de reverencia—. Fue magnífico oírte. Déjame llevarte la maleta y mostrarte el camino. Paso por lo de Shafter rumbo a mi chabola.

Un coro de amigables «Buenas noches» resonó por parte de los demás mineros mientras bajaban del andén.

Antes incluso de haber puesto un pie en ella, McMurdo el turbulento ya se había convertido en un personaje en Vermissa.

El país había sido un lugar de terror; pero el pueblo era a su manera aún más deprimente. Por aquel largo valle había al menos una cierta sombría grandeza en los enormes fuegos y las nubes de humo a la deriva, mientras que la fuerza y la industria del hombre encontraban monumentos adecuados en los cerros que había desparramado al lado de sus monstruosas excavaciones. Pero el pueblo mostraba un nivel muerto de mezquina fealdad y sordidez. * La calle ancha estaba removida por el tráfico hasta formar una horrible pasta surcada de nieve fangosa. * Las aceras eran estrechas

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