ustedes. Atamos todas sus cosas en un fardo, le puse peso con el único peso que pude encontrar y lo tiré por la ventana. La tarjeta que él había tenido la intención de colocar sobre mi cuerpo yacía junto al suyo propio.
“Mis anillos fueron puestos en su dedo; pero cuando llegó el momento de la alianza matrimonial —extendió su mano musculosa—, podéis ver por vosotros mismos que había llegado al límite. No la he movido desde el día en que me casé, y habría hecho falta una lima para quitármela. No sé, de todos modos, si me habría importado desprender así de ella; pero aunque hubiera querido, no habría podido. Así que tuvimos que dejar que ese detalle se arreglara por sí solo. Por otra parte, traje un trozo de esparadrapo y lo puse donde llevo uno yo mismo en este preciso instante. Ahí falló usted, mister Holmes, por muy listo que sea; porque si hubiera tenido la ocurrencia de quitarse ese esparadrapo, no habría encontrado ningún corte debajo”.
“Bueno, esa era la situación. Si podía pasar inadvertido durante un tiempo y luego escapar a un lugar donde pudiera reunirme con mi «viuda», tendríamos por fin la oportunidad de vivir en paz el resto de nuestras vidas. Estos demonios no me darían tregua mientras estuviera sobre la tierra; pero si veían en los periódicos que Baldwin había atrapado a su hombre, se habrían acabado todos mis problemas. No tuve mucho tiempo para explicarle todo con claridad a Barker y a mi esposa, pero entendieron lo suficiente como para poder ayudarme. Yo lo sabía todo sobre este escondite, al igual que Ames; pero jamás se le pasó por la cabeza relacionarlo con el asunto. Me retiré a él, y le correspondía a Barker hacer el resto.
“Supongo que ustedes mismos podrán imaginarse lo que hizo. Abrió la ventana y dejó la marca en el alféizar para dar una idea de cómo había escapado el asesino. Era una tarea difícil, eso es verdad; pero como el puente estaba levantado no había otra manera. Luego, cuando todo