"¡Exacto!"
—Entonces, si usted estaba en la habitación medio minuto después del crimen, él tuvo que estar en el agua en ese preciso instante.
—No me cabe la menor duda. ¡Ojalá me hubiera precipitado hacia la ventana! Pero la cortina la ocultaba, como puede ver, y por eso ni se me ocurrió. Luego oí los pasos de la señora Douglas, y no pude dejar que entrara en la habitación. Habría sido demasiado horrible.
—¡Bastante horrible! —dijo el doctor, mirando la cabeza destrozada y las terribles marcas que la rodeaban—. No he visto lesiones semejantes desde el accidente ferroviario de Birlstone.
—Pero, digo yo —comentó el sargento de policía, cuyo lento y bucólico sentido común seguía meditando sobre la ventana abierta—. Está muy bien que usted diga que un hombre escapó vadeando este foso, pero lo que