Codal
nydus/The Wolf-LeaderPublic
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IX. El lobo líder

Temprano a la mañana siguiente, antes de que amaneciera, se fue a Villers-Cotterets, y a cambio de un par de coronas, el mesonero del Boule-d’Or le quitó los dos perniles de encima.

Al día siguiente, fue medio jabalí lo que Thibault le llevó al mesonero, y no tardó en convertirse en el principal proveedor de este.

Thibault, aficionándose a esta clase de asuntos, se pasaba ahora el día entero rondando las tabernas, y ya no pensaba más en fabricar zapatos.

Uno o dos de sus conocidos empezaron a burlarse de su mechón rojo, pues por más diligentemente que lo cubriera con el resto del pelo, este siempre se las arreglaba para abrirse paso entre los rizos que lo ocultaban y hacerse visible.

Pero Thibault pronto dejó bien claro que no toleraría bromas acerca de aquella desafortunada deformidad.

Mientras tanto, mal hado que fuera, el duque de Orleans y madame de Montesson vinieron a pasar unos días a Villers-Cotterets. Esto supuso un nuevo acicate para el espíritu locamente ambicioso de Thibault.

Todas las damas finas y hermosas y todos los alegres jóvenes señores de las haciendas vecinas, los Montbreton, los Montesquiou, los Courval, se apresuraron a ir a Villers-Cotterets. Las damas trajeron sus más ricos atavíos, los jóvenes señores sus trajes más elegantes.

La trompa de caza del barón resonaba por el bosque más fuerte y alegre que nunca. Amazonas graciosas y jinetes audaces, con casacas rojas galonadas de oro, pasaban como visiones radiantes, mientras avanzaban a lomos de sus magníficos caballos ingleses, iluminando las sombrías profundidades del bosque como brillantes destellos de luz.

Por la tarde era diferente; entonces toda esta aristocrática compañía se reunía para festejos y bailes, o en otras ocasiones salía a pasear en hermosos carruajes dorados ataviados con blasones de todos los colores.

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