Sus miembros se hallaban aprisionados en una forma nueva e inusual; en suma, se había convertido en todos los aspectos en la contraparte del lobo negro que pocos minutos antes le había estado hablando. Un solo pelo blanco en su cabeza brillaba en contraste con el resto de su oscuro pelaje; este único pelo blanco del lobo era el único pelo negro que le había quedado al hombre.
Apenas había tenido Thibault tiempo de reponerse, cuando creyó oír un crujido entre los arbustos y el sonido de un ladrido sordo y ahogado. … Pensó en el barón y en sus sabuesos, y tembló. Así metamorfoseado en el lobo negro, decidió que no haría lo que su predecesor había hecho, ni esperaría a que los perros se le abalanzaran. Probablemente era un lebrel lo que había oído, y huiría antes de que soltaran a los perros. Se largó, echando a correr en línea recta, como es costumbre en los lobos, y fue para él una profunda satisfacción descubrir que en su nueva forma tenía diez veces su anterior fuerza y elasticidad en las extremidades.
—¡Por el diablo y sus cuernos! —se oyó decir entonces al señor de Vez a su nuevo montero, a pocos pasos de allí—, llevas la traílla demasiado floja, muchacho; has dejado que el sabueso dé la voz, y ahora no conseguiremos acorralar al lobo.
—Falté, no lo niego, mi Señor; pero como lo vi pasar anoche a pocos pasos de este lugar, nunca supuse que fuera a instalarse por la noche en esta parte del bosque y que estuviera tan cerca de nosotros como todo eso.
—¿Estás seguro de que es el mismo que se nos ha escapado tantas veces?
—Que el pan que como en vuestro servicio me ahogue, mi señor, si no es el mismo lobo negro que íbamos persiguiendo el año pasado cuando el pobre Marcotte se ahogó.