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nydus/The Wolf-LeaderPublic
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XXI. El Genio del Mal

propio de la inteligencia y la venganza que de los meros ataques carentes de raciocinio de una jauría de animales salvajes. Aun así, parecía evidente que los lobos debían de haber sido los agresores, a juzgar por las marcas de dientes en los cadáveres y las huellas dejadas en el suelo. La noche siguiente el Barón dispuso vigilantes para acechar, pero Thibault y sus lobos actuaban en el extremo más alejado del bosque. Esta vez fueron los establos y cercados de Soucy y de Vivières los que resultaron diezmados, y la noche siguiente los de Boursonnes y Yvors. La obra de aniquilación, una vez comenzada, debía llevarse a cabo con desesperada determinación, y el amo ya no abandonaba nunca a sus lobos; dormía con ellos en sus guaridas y vivía en medio de ellos, estimulando su sed de sangre.

No pocas veces un leñador, no pocas un recolector de brezo, se tropezó en los matorrales con los amenazadores dientes blancos de un lobo, y o bien fue devorado tras ser arrastrado, o apenas salvó la vida con la ayuda de su valor y su podadera.

Guiados por una inteligencia humana, los lobos se habían organizado y disciplinado, y resultaban mucho más temibles que una banda de soldados descontentos sueltos por un país conquistado.

El terror que inspiraban se generalizó; nadie se atrevía a salir de las ciudades y aldeas desarmado; los caballos y el ganado eran alimentados dentro de los establos, y los hombres mismos, una vez terminada su tarea, se esperaban unos a otros para no andar solos. El obispo de Soissons ordenó que se hicieran oraciones públicas para pedirle a Dios que enviara un deshielo, pues la ferocidad insólita de los lobos se atribuía a la gran cantidad de nieve caída.

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