Codal
nydus/The Wolf-LeaderPublic
Page 50 of 357
Table of Contents

I. El Gran Maestre de los Lebreles de Su Alteza

La cacería había durado dos horas y la pieza aún resistía. Primero había guiado a sus perseguidores desde el bosquecillo de Haramont hasta el Camino del Ahorcado, y de ahí directamente a la parte trasera de Oigny, y todavía no mostraba señales de fatiga; pues no era uno de esos pobres animales de tierras llanas a los que cualquier maldito terrier les tira de la cola.

Sin embargo, al aproximarse a las tierras bajas de Bourg-fontaine, era evidente que consideraba que lo venían acosando con demasiada fuerza, pues abandonó las tácticas más audaces que hasta entonces le habían permitido mantenerse en cabeza y comenzó a dar rodeos.

Su primera maniobra consistió en bajar al arroyo que une los estanques de Baisemont y Bourg, luego caminar contra corriente con el agua hasta los ijares, durante casi media milla; después saltó a la orilla derecha, regresó al lecho del arroyo, dio otro salto a la izquierda y, con una sucesión de botes tan vigorosos como se lo permitían sus desfallecientes fuerzas, continuó distanciando a sus perseguidores.

Pero los perros de mi señor el barón no eran animales que se dejaran desconcertar por fruslerías como esas. Siendo a la vez sagaces y de buena raza, se repartieron la tarea por iniciativa propia, yendo la mitad río arriba y la mitad río abajo, cazando estos por la derecha y aquellos por la izquierda, y de manera tan eficaz que no tardaron en hacerle perder al animal sus tretas, pues pronto recuperaron el rastro, reagrupándose al primer grito emitido por uno de la jauría y reemprendiendo la persecución, tan dispuestos y ansiosos como si el ciervo hubiera estado a solo veinte pasos de ellos.

Y así, con galope de caballos, con grito de perros y clarín de trompa, el Barón y sus cazadores llegaron a los estanques de Saint Antoine, a un centenar de pasos poco más o menos de los Confines de Oigny.

Entre estos y los mimbreros se alzada la choza de Thibault, el zuequero.

50