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nydus/Black BeautyPublic
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XXIV. La señora Anne, o un caballo desbocado

¿Sabes montar?

«Pues mire, señor, yo no soy muy buen jinete, pero me jugaría el pescuezo por lady Anne; fue extraordinariamente buena con mi mujer durante el invierno».

—Entonces monta este caballo, amigo mío; tu cuello estará completamente a salvo, y cabalga hasta la casa del doctor y pídele que venga al instante; luego ve al caserón; cuéntales todo lo que sabes y diles que me envíen el coche, con la doncella de lady Anne y ayuda. Yo me quedaré aquí.

—Está bien, señor, haré todo lo posible, y ruego a Dios que la querida señorita abra los ojos pronto.

Luego, al ver al otro hombre, exclamó: —¡Oye, Joe, corre por un poco agua y dile a mi señora que venga tan pronto como pueda a ver a Lady Anne!

Luego, de algún modo, logró trepar a la silla, y con un «¡Arre!» y un apretón en mis ijares con ambas piernas, emprendió su viaje, haciendo un pequeño rodeo para evitar la zanja. No llevaba fusta, lo cual parecía preocuparle; pero mi paso no tardó en solucionar ese inconveniente, y descubrió que lo mejor que podía hacer era aferrarse a la silla y sujetarme, cosa que hizo con hombría. Lo sacudí lo menos que pude, pero una o dos veces en el terreno escabroso exclamó: «¡Firme! ¡So! ¡Firme!». En el camino real íbamos bien; y tanto en casa del doctor como en la mansión cumplió su encargo como un hombre honrado y leal. Lo invitaron a pasar a tomar un trago.

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