embargo, me dieron buen alimento y me asearon bien, y, en conjunto, creo que nuestro amo cuidó de nosotros todo lo que pudo. Tenía una buena cantidad de caballos y carruajes de diferentes tipos para alquilar. A veces los conducían sus propios hombres; en otras, el caballo y la calesa se alquilaban a caballeros o damas que conducían por sí mismos.
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XXVII. Arruinado y en decadencia
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