tendrían alguna razón para hacer esto, y supongo que estaba bien.
Como la muerte de Smith había sido tan repentina, y no había nadie allí para presenciarla, se celebró una investigación judicial.
El dueño y el caballerizo del White Lion, junto con otras personas, declararon que iba borracho cuando salió de la posada.
El encargado del peaje dijo que cruzó la puerta a galope tendido; y mi herradura fue recogida entre las piedras, de modo que el caso les resultó bastante claro a todos, y fui eximido de toda culpa.
Todos compadecían a Susan. Estaba casi fuera de sí; no hacía más que repetir una y otra vez: «¡Oh! ¡Era tan bueno, tan bueno! Todo fue por esa maldita bebida; ¿por qué venderán esa maldita bebida? ¡Oh, Reuben, Reuben!».
Y así siguió hasta después de que lo enterraron; y entonces, como no tenía hogar ni parientes, ella, con sus seis hijitos, se vio obligada una vez más a abandonar el agradable hogar junto a los altos robles, y a ingresar en aquella gran y sombrera Casa de Asilo (Union House).