que la crueldad era la marca distintiva del mismo diablo, y que si veíamos a alguien que se complacía en la crueldad, podíamos saber a quién pertenecía, pues el diablo fue un homicida desde el principio y un atormentador hasta el fin. Por otra parte, donde veíamos a personas que amaban a sus semejantes y eran bondadosas con los hombres y con las bestias, podíamos saber que esa era la marca de Dios.
—Tu amo nunca te enseñó nada más verdadero —dijo John—; no hay religión sin amor, y la gente podrá hablar todo lo que quiera sobre su religión, pero si esta no les enseña a ser buenos y bondadosos con los hombres y con las bestias, es pura patraña; pura patraña, James, y no se sostendrá cuando las cosas lleguen a verse del revés.