No dejaba de ir a la estación de ferrocarril justo cuando llegaba el tren, y los taxis y carruajes, carros y ómnibus intentaban cruzar el puente todos a la vez; aquel puente requería buenos caballos y buenos cocheros cuando sonaba la campana del tren, pues era estrecho y había una curva muy cerrada hacia la estación, donde no habría sido nada difícil que la gente chocará entre sí, si no andaban listos y con los cinco sentidos puestos en lo que hacían.
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XIV. James Howard
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