Jerry Barker
Nunca conocí a un hombre mejor que mi nuevo amo. Era amable y bueno, y tan firme en defensa de lo correcto como John Manly; además, tenía tan buen carácter y era tan alegre que muy pocas personas podían buscarle pleito. Le encantaba componercancioncillas y cantárselas a sí mismo. Una que le gustaba mucho era esta:
“Venid, padre y madre, Y hermana y hermano, Venid todos, venid A echar una mano”.
Y así lo hicieron; Harry era tan hábil en el trabajo de la caballeriza como un muchacho mucho mayor, y siempre quería hacer todo lo que podía. Luego, Polly y Dolly solían venir por la mañana para ayudar con el coche de punto —a cepillar y sacudir los cojines, y limpiar los cristales, mientras Jerry nos daba una limpieza en el patio y Harry lustraba los arneses—. Solía haber muchas risas y diversión entre ellos, y eso nos ponía al Capitán y a mí de mucho mejor humor que si hubiéramos escuchado regaños y palabras duras. Siempre venían temprano por la mañana, pues Jerry solía decir:
«Si por la mañana desшyricas minutos, no podrás recuperarlos en el transcurso del día. Puedes darte prisa y correr, agitarte y preocuparte, los habrás perdido para siempre, por los siglos de los siglos».
No soportaba ninguna holgazanería descuidada ni pérdida de tiempo; y nada estaba tan cerca de enfadarlo como ver a gente que siempre llegaba tarde, queriendo que se hiciera trotar con fuerza a un caballo de alquiler para compensar su ociosidad.