El grito del viejo se podía oír calle arriba mucho antes de que se acercara. Nunca supe lo que decía, pero los niños lo llamaban «Viejo Ba-a-ar Hoo», porque sonaba así. Polly le compraba el carbón y era muy amable, y Jerry decía que era un consuelo pensar lo feliz que podía ser un viejo caballo en un lugar pobre.
Table of Contents
XLI. El carnicero
194