mutua, lo sé, pero eso no mantendrá a los caballos, y se van a pasar todo este tiempo comiendo sin trabajar; vendré al mediodía a ver qué dice —y sin esperar las gracias de Harry, se marchó.
Al mediodía creo que fue a ver a Polly, pues él y Harry vinieron juntos a la cuadra, engancharon a Hotspur y se lo llevaron.
Durante una semana o más vino a ver a Hotspur, y cuando Harry le agradecía o le decía algo sobre su amabilidad, él se reía restándole importancia, diciendo que todo era buena suerte para él, pues sus caballos necesitaban un poco de descanso que de otro modo no habrían tenido.
Jerry mejoraba constantemente, pero el médico dijo que jamás debía volver al trabajo de calesa si deseaba llegar a viejo.
Los niños tuvieron muchas consultas entre sí sobre lo que harían papá y mamá, y cómo podrían ayudar a ganar dinero.
Una tarde trajeron a Hotspur muy mojado y sucio.
—Las calles no son más que aguanieve —dijo el gobernador—, te vendrá muy bien entrar en calor, muchacho, para dejarlo limpio y seco.
—Está bien, jefe —dijo Harry—, no lo dejaré hasta que lo esté; ya sabe que mi padre me ha educado.
—Ojalá todos los muchachos se hubieran educado como tú —dijo el gobernador.
Mientras Harry le quitaba el barro a esponjazos del cuerpo y las patas a Hotspur, entró Dolly con cara de traer algo muy importante entre manos.
—¿Quién vive en Fairstowe, Harry? Madre ha recibido una carta de Fairstowe; parecía muy contenta y subió corriendo a dársela a padre.