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nydus/Black BeautyPublic
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XXIX. Cockneys

—Bueno, apenas lo sé —dijo—. Yo era tímido cuando era joven, y me asusté bastante varias veces, y si veía algo extraño solía girarme para mirarlo; ya ves, con nuestras anteojeras uno no puede ver ni entender qué es algo a menos que mire hacia atrás; y entonces mi amo siempre me daba un latigazo, lo cual por supuesto me hacía arrancar, y no me hacía tener menos miedo. Pienso que si me hubiera dejado simplemente mirar las cosas con tranquilidad, y ver que no había nada que me hiciera daño, todo habría ido bien, y me habría acostumbrado a ellas. Un día, un viejo caballero iba cabalgando con él, y un trozo grande de papel blanco o de trapo voló justo a un lado mío. Me asusté y di un brinco hacia adelante. Mi amo, como de costumbre, me azotó con fuerza, pero el viejo exclamó: «¡Te equivocas! ¡Te equivocas! Nunca debes azotar a un caballo por asustarse; se asusta porque está austado, y tú solo lo asustas más y empeoras el hábito». Así que supongo que todos los hombres no actúan así. Estoy seguro de que no quiero asustarme porque sí; pero ¿cómo ha de saber uno qué es peligroso y qué no, si a uno nunca se le permite acostumbrarse a nada? Nunca tengo miedo de lo que conozco. Verás, me crié en un parque donde había ciervos; por supuesto, los conocía tan bien como a una oveja o a una vaca, pero no son comunes, y conozco a muchos caballos sensatos que se asustan de ellos y arman un buen escándalo antes de pasar por un prado donde hay ciervos.

Sabía que lo que decía mi compañero era verdad, y deseaba que todo potro joven tuviera amos tan buenos como el Granjero Grey y el terrateniente Gordon.

Por supuesto, a veces nos tocaba un buen trato al conducir aquí. Recuerdo una mañana en que me pusieron en el pescante ligero y me llevaron a una casa en Pulteney Street. Salieron dos caballeros; el más alto se acercó a mi cabeza, miró el bocado y la brida, y simplemente acomodó el collarón con la mano para ver si me quedaba cómodo.

—¿Cree que este caballo necesita un filete de barbada? —le preguntó al caballerizo.

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