este libro, pues su organización presenta varias analogías con lo que hoy conocemos como «masónica». En lugar de los nueve grados instituidos por la Logia de El Cairo, los drusos se dividen en solo tres —Profanos, Aspirantes y Sabios—, a quienes sus doctrinas se les van revelando gradualmente bajo el sello del más estricto secreto, para garantizar el cual se emplean signos y contraseñas al modo de la masonería. Cierto grado de duplicidad parece formar parte de su sistema, muy similar al ordenado a los dais ismailíes al reclutar prosélitos pertenecientes a otras religiones: así, al hablar con mahometanos, los drusos fingen ser seguidores del Profeta; con los cristianos, pretenden sostienen las doctrinas del cristianismo, una actitud que defienden bajo el argumento de que es ilícito revelar los dogmas secretos de su credo a un «negro», o incrédulo.
Los drusos tienen la costumbre de celebrar reuniones en las que, al igual que en la Dar ul Hikmat, se reúnen tanto hombres como mujeres y se discuten cuestiones religiosas y políticas; a los no iniciados, sin embargo, no se les permite ejercer ninguna influencia en las decisiones, las cuales son tomadas por el círculo íntimo, al que solo se admite a los «Sabios».
El parecido entre esta organización y la de la masonería del Gran Oriente es claramente aparente. Los drusos también tienen modos de reconocimiento que son comunes a la masonería, y M.