vida del alma después de la muerte y la naturaleza de Dios o de los dioses.
Es esta actitud exclusiva la que constituye la diferencia esencial entre los Iniciados del mundo antiguo y los grandes Maestros de la religión con quienes los ocultistas modernos buscan confundirlos.
Porque mientras líderes religiosos como Buda y Mahoma buscaron el conocimiento divino con el fin de impartirlo al mundo, los Iniciados creían que los misterios sagrados no debían ser revelados a los profanos, sino permanecer exclusivamente bajo su propia custodia; aunque el deseo de iniciación pudiera brotar de la más alta aspiración, la gratificación —ya fuera real o imaginaria— de este deseo conducía a menudo a la arrogancia espiritual y a la tiranía abominable, desembocando en las temibles pruebas, las torturas físicas y mentales, que culminaban a veces incluso en la muerte, a las que el neófito era sometido por sus superiores.
# Los Misterios
Según una teoría vigente en círculos ocultistas y masónicos, ciertas ideas eran comunes a todos los «Misterios» más importantes, formando así una tradición continua transmitida a través de sucesivos grupos de Iniciados de diferentes épocas y países. Entre estas ideas se dice que estaba la concepción de la unidad de Dios. Mientras que a la multitud se consideraba conveniente predicarle el politeísmo, ya que solo de este modo podían los múltiples aspectos de lo Divino ser comprendidos por las masas, los propios Iniciados creían